Análisis de acrilamida en alimentos: qué es, en qué productos aparece y qué exige la normativa a la industria
Análisis de acrilamida en alimentos: qué es, en qué productos aparece y qué exige la normativa a la industria adminVeterinario colegiado (nº 0514) y fundador de HAMA, empresa de seguridad alimentaria en Málaga desde 1989 Cuando en 2002 investigadores suecos detectaron niveles elevados de acrilamida en patatas fritas y otros alimentos cocinados a alta temperatura, la noticia sacudió la industria alimentaria europea. Por primera vez se confirmaba que un compuesto potencialmente cancerígeno se generaba de forma natural durante procesos de cocinado tan cotidianos como freír, hornear o tostar. Más de veinte años después, la acrilamida sigue siendo uno de los contaminantes de proceso más vigilados por las autoridades de seguridad alimentaria, y el análisis de acrilamida en alimentos se ha convertido en una obligación legal para una parte importante de la industria alimentaria en Europa. Llevo más de 35 años trabajando en seguridad alimentaria en Málaga y en toda Andalucía. En ese tiempo he visto cómo este contaminante ha pasado de ser un problema desconocido a estar en el centro de la regulación europea, y cómo muchas empresas —especialmente las medianas y pequeñas— todavía no tienen claro qué les exige exactamente la normativa ni cómo abordar el análisis y el control. En este artículo te lo explico todo: qué es la acrilamida, en qué alimentos se forma, qué riesgo tiene para la salud, qué obliga el Reglamento (UE) 2017/2158 y cómo se realiza el análisis en laboratorio. Qué es la acrilamida y cómo se forma en los alimentos La acrilamida (2-propenamida, fórmula C₃H₅NO) es un compuesto químico orgánico que se forma de manera natural en ciertos alimentos durante su cocinado a alta temperatura. No es un aditivo, no se añade intencionadamente: es el resultado de una reacción química que ocurre cuando sometemos a calor intenso alimentos ricos en almidón. El mecanismo de formación se conoce bien desde hace dos décadas: es la reacción de Maillard, el mismo proceso químico responsable del color dorado, el aroma y el sabor característico de los alimentos cocinados. Durante esta reacción, el aminoácido asparagina —presente de forma natural en muchos alimentos de origen vegetal— reacciona con azúcares reductores como la glucosa y la fructosa cuando la temperatura supera los 120 °C en condiciones de baja humedad. El resultado es ese apetecible color tostado que buscamos en las patatas fritas, el pan tostado o el café. Y, como subproducto indeseable de esa misma reacción, la acrilamida. Los factores que más influyen en la cantidad de acrilamida que se forma son: Temperatura: cuanto más alta, más acrilamida. La formación se dispara por encima de 160-180 °C Tiempo de cocinado: a mayor tiempo de exposición al calor, mayor formación Humedad: la acrilamida se forma principalmente en la superficie del alimento, donde la humedad es baja. Los métodos de cocción en seco (fritura, horneado, tostado, asado) favorecen mucho más su formación que la cocción en agua Contenido de asparagina y azúcares del alimento: los alimentos con mayor concentración de ambos son los de mayor riesgo Lo que hace especialmente relevante a este contaminante es su estabilidad: a diferencia de otros compuestos no deseados que se degradan durante la digestión, la acrilamida se absorbe bien en el tracto gastrointestinal, se distribuye por todo el organismo y se metaboliza parcialmente a glicidamida, un compuesto que puede unirse al ADN. En qué alimentos aparece la acrilamida La acrilamida se ha detectado en una gran variedad de alimentos procesados térmicamente. Los grupos con mayor concentración documentada son: Productos de patata fritos y horneados Las patatas fritas —tanto las de bolsa como las de restaurante— son el alimento con niveles más elevados de acrilamida. La razón es su alto contenido natural en asparagina y azúcares reductores, combinado con las temperaturas de fritura (normalmente entre 170 y 190 °C). Los chips o patatas fritas de bolsa pueden alcanzar concentraciones de hasta 2.000-3.000 µg/kg en casos extremos. Pan y productos de panadería El pan tostado, las tostadas, el pan crujiente (crispbread), las galletas y las crackers son otra fuente importante de exposición. El nivel de acrilamida varía enormemente según el grado de tostado: un pan ligeramente dorado contiene mucha menos acrilamida que uno muy tostado o con bordes quemados. Café tostado e instantáneo El café es una fuente significativa de exposición a acrilamida, especialmente el café instantáneo (soluble), que puede tener niveles más altos que el café tostado en grano. El proceso de tueste del grano genera acrilamida, aunque la dilución en agua reduce considerablemente la concentración final en la taza. Cereales de desayuno Los copos de maíz tostados, las mezclas de cereales y otros productos similares presentan niveles moderados de acrilamida. Productos de bollería fina y galletas Las galletas de mantequilla, los bizcochos, los waffles y otros productos sometidos a cocción seca a alta temperatura presentan niveles relevantes, especialmente cuando están muy dorados. Alimentos infantiles Este es el grupo más sensible desde el punto de vista regulatorio. Los alimentos a base de cereales para lactantes y niños de corta edad están sometidos a los niveles de referencia más estrictos de la normativa europea, precisamente porque los niños pequeños tienen una mayor exposición relativa por kg de peso corporal. Qué riesgo tiene la acrilamida para la salud La preocupación por la acrilamida en alimentos surge de sus propiedades toxicológicas, bien documentadas en estudios con animales de laboratorio y, con menor evidencia, en estudios epidemiológicos en humanos. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) clasifica la acrilamida como probable carcinógeno humano (Grupo 2A): un escalón por encima de la ocratoxina A, que está en el Grupo 2B. Esta clasificación se basa en evidencia sólida en animales y evidencia limitada pero significativa en humanos. Los efectos toxicológicos documentados incluyen: Genotoxicidad: la acrilamida y su metabolito glicidamida pueden dañar directamente el ADN, alterando la información genética de las células Carcinogenicidad: en estudios con animales, la exposición crónica aumenta la incidencia de tumores en varios órganos. En humanos, estudios epidemiológicos han asociado el consumo crónico con mayor riesgo de cánceres de endometrio, ovario y riñón Neurotoxicidad: a




